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lunes, 25 de julio de 2011

Resumen y Analisis. Cuento el Principito.

Resumen

Este cuento narra la historia de un hombre que se topa con un niño, al que él mismo llama “El Principito”. Este hombre, del cual nunca se menciona el nombre, inicia la historia llevando al lector al tiempo de cuando tenía seis años y era un chiquillo y hacía dibujos ingenuos, pero con un mensaje que pocos podían captar; sobretodo los adultos.
El piloto de aviones (ocupación del hombre luego de que dejara la labor de dibujar boas abiertas y cerradas, tal como él mismo lo afirma), después de haber sometido a varias personas al entendimiento de sus dibujos, dejó ese arte y se dedicó y descubrir el mundo a través de los aeroplanos. El cuento en sí, comienza cuando al piloto se le avería su avión en el desierto de Sahara y es cuando aparece nuestro personaje principal: un niño de cabellos rulos de oro, muy pequeño, pero sin “la apariencia de un niño perdido en el desierto…” Cap. II (p.2).
El principito, describía siempre una tranquilidad envidiable, sonreía y NUNCA dejaba pasar una pregunta; todas las que hacia debían ser respondidas, sin embargo a él no le gustaba responderlas.
En el primer encuentro con el viajero, nuestro personaje de rulos dorados le pide a su amigo que le dibuje un cordero, muy insistentemente. Este no se niega y a partir de allí, comienza a conocerlo más a fondo. Deduce el planeta de donde podría venir el niño, (el Asteroide B612), debido a las pocas preguntas que le responde y lo que le dice, y termina concluyendo que es tan pequeño como una casa. A medida que se conocen van charlando de árboles grandes, flores vanidosas, el mismo cordero, puestas de sol (las cuales le agradan mucho al Principito, quien un día las contempló cuarenta y tres veces); entre otras cosas que iba mostrándole al viajero nuestro protagonista.
Siguiendo en el mismo desierto, pasaban los días y el piloto descubre que ya el Principito llevaba casi un año en el Planeta Tierra, el niño le cuenta todo lo que pasó antes de llegar hasta allí y es cuando el hombre termina de conocer al Principito; sus sentimientos y sensibilidad. Le relata que al principio, en “su planeta”, conoció a una flor, a la cual dejó allá y que esta lo engaño haciéndolo creer que ella era la única que existía. Luego comienza a visitar una serie de planetas (Asteroides) que le permitieron conocer a personajes insólitos que, casi siempre, lo llevaron a la misma conclusión: “Las personas mayores son muy extrañas” Cap. X (p.13).
Primero conoce a un Rey que no tiene a nadie sobre quien reinar, el Rey le ofrece quedarse con él allí reinando, pero el Principito no accede. Este Rey le gustaba ordenar todo, pero era muy razonable; el niño sólo prosiguió su viaje.
Luego llegó al planeta de un Vanidoso que le gustaba ser admirado en todo momento, el hombre se encontraba, al igual que el Rey, sólo en su planeta y no escuchaba las cosas malas, sino, únicamente, las que lo exaltaban.
Seguidamente conoció a un Bebedor, quien caía en un círculo vicioso asegurando que sentía vergüenza de beber, pero que bebía para olvidar esa vergüenza.
Cada vez más nuestro risueño amigo se daba cuenta y aseguraba que las personas mayores eran realmente extrañas.
Seguidamente llegó al planeta del hombre de negocios quien se la pasaba haciendo cálculos, contaba las estrellas y afirmaba que le pertenecían.
Extrañado, el Principito prosiguió su camino y arribó al planeta más pequeño, uno donde sólo había espacio para que habitara un farol y un farolero, quien prendía y apagaba el farol cada minuto; debido a que el sol se ponía en ese tiempo.
Al llegar al sexto planeta, el cual era diez veces más grande que el anterior, descubrió a un Geógrafo, quien se la pasaba sentado en su mesón por no tener a un explorador que le narrara los lugares que había visitado. Este hombre le recomendó al niño ir al Planeta Tierra. Y allí fue el Principito.
Al llegar a su destino, aterrizó en el desierto de Sahara, donde se topó con su primer amigo; amiga en este caso: una serpiente. Conoció a otra flor, le gritó al eco, descubrió un jardín de rosas, domesticó a un zorro, charló con un Guardavía y finalmente se topo con un comerciante.
Luego el viajero, quien funciona como narrador protagonista, relata que, después de ocho días en el desierto, y de haber escuchado las historia del Principito, se le agota el agua y sale a buscarla junto a su amigo. Consiguen un pozo y sacian su sed.
Ya casi en el desenlace de la historia, el viajero descubre que el Principito se encontraba allí porque ya se iba a cumplir un año de su llegada a la tierra y tenia intenciones de volver a su planeta. Lo que lo impactó fue la forma como lo estaba buscando. El niño negociaba con la serpiente y esta le decía que si se dejaba morder, podría iniciar ese viaje de regreso a casa, para ir a cuidar a su flor y a disfrutar de los atardeceres nuevamente.
Finalmente el Principito vuelve a su planeta, dejando su cuerpo en la Tierra, el cual desapareció y el piloto quedó con su recuerdo vivo. El de ver a las estrellas e imaginárselo sonriendo.


Análisis Psicológico del Libro.

Antoine De Saint- Exupéry, quien murió hace casi sesenta (60) años, escribió este libro, donde aparece como narrador protagonista. Su lenguaje persuasivo, la sensibilidad de la historia y la psicología del Principito, podrían engañar al más lúcido y realmente hacer creer a cualquiera que, verdaderamente, el autor es el mismo viajero, y que, ciertamente un día conoció al niño de los cabellos de oro.
Esta historia tiene muchos aspectos que invitan a la reflexión. Nos hace pensar en la necesidad inminente de no dejarnos atrapar por la adultez excesiva y desarraigar por completo a ese niño que llevamos dentro. Nos invita a luchar por nuestros sueños y a mantenerlos, por más inusuales que le parezcan a las personas que nos rodean, aun cuando esto implique dibujar boas inentendibles.
El Principito mantiene a lo largo de toda la fábula una característica que impacta, y es la insistencia en que cada pregunta que él formula, sea respondida; esta actitud invita al lector a vivir su vida paso a paso, a no saltarse ningún momento de su existencia y a preguntar para aprender. El autor utiliza al niño para hacernos entender que muchos no preguntan por pena o por el que dirán, sin embargo, cuando preguntamos aprendemos y nos hacemos más sabios.
Cada personaje que interviene en la historia tiene la intención de hacernos reflexionar y pensar en los momentos en los que actuamos como la flor vanidosa, buscando sobreprotección y aprovechándonos de los demás, o como el Rey queriendo obligar algo que la naturaleza no quiere que se cumpla, incluso aun como el Hombre de Negocios, en los momentos en que aseveramos que no tenemos tiempo ni para ver las estrellas porque estamos muy ocupados.
El Geógrafo nos permite pensar en esa faceta, cuando estamos tan concentrados en lo que debemos hacer, que no nos damos cuenta que podemos hacer más. Que sólo necesitamos pararnos de nuestro asiento y ser nosotros mismos nuestros propios exploradores y no sentarnos a esperar a que venga la persona a resolver eso que tenemos al alcance de nuestras manos.
El hombre que sólo quiere ser admirado, el bebedor y el farolero los tenemos dentro de nosotros, y de nuestra parte está no dejarlos salir y, mejor aún, sacarlos de nuestras vidas para siempre. Estos reflejan la vanidad, los ciclos repetitivos en los que podemos caer y la insistencia en hacer siempre lo mismo únicamente porque nos da seguridad.
En la Tierra conoció a varios personajes que, al igual que los anteriores, seguían extrañando al Principito con su actitud; la serpiente astuta, la flor, las rosas, el zorro, el guardavía, y el comerciante que insistía en ahorrarse cincuenta y tres minutos del día con su “venta milagrosa”.
En definitiva el autor cierra la historia mostrándonos ese lado ingenuo, (que todos debemos tener), del Principito en el encuentro con la serpiente y la sensibilidad del viajero, quien, a pesar de que estaba pendiente de reparar su avión, dedico tiempo a su nuevo amigo.
Y plasma al final una imagen y una invitación muy marcada, la de examinar el sitio donde sus ojos admiraron por última vez al Principito y lo que se debía hacer si nos topáramos con él de nuevo.
Examínenlo atentamente para que sepan reconocerlo, si algún día, viajando por África cruzan el desierto. Si por casualidad pasan por allí, no se apresuren, se los ruego, y deténganse un poco, precisamente bajo la estrella. Si un niño llega hasta ustedes, si este niño ríe y tiene cabellos de oro y nunca responde a sus preguntas, adivinarán en seguida quién es. ¡Sean amables con él! Y comuníquenme rápidamente que ha regresado. ¡No me dejen tan triste! Cap. XXVII. (Pág. 31).